Esta camarera recibió una sorpresa de un cliente gruñón únicamente por tratarlo bien


Actualmente existen muchas personas que trabajan atendiendo a otras personas, ya sea en un restaurante, en un centro comercial, en una oficina y hasta en un autobús. Estas personas todos los días tienen que lidiar con todo tipo de gente, desde amables hasta renegones y especiales para todo.

Cada uno sabe cómo debe tratar a cada cliente que le toca atender y siempre deben llevar buena cara. En el siguiente artículo te contaremos todo lo que se ganó una trabajadora por ser amable con una  persona que no tenía paciencia y era realmente especial al momento de hacer sus pedidos.

Todo comenzó cuando el señor Walter Swords decidió desayunar diariamente en un mismo sitio.

Su aspecto era un poco rudo, sin contar con que solía estar bastante malhumorado y hacía pedidos verdaderamente exigentes. Además, se quejaba por cualquier mínimo detalle que no cumpliera con sus expectativas que, vale decir, eran bastante altas.




Aparte de Melina Salazar, a ninguno de los meseros del restaurante le gustaba atenderlo.

Al verlo llegar, todos le huían, menos esta intrépida chica. Más bien tomaba la actitud opuesta, salía a su encuentro con la mejor disposición tomando pacientemente su orden, brindándole una sincera sonrisa; a pesar de que el señor no respondía diferente a su buen trato.



Todo el personal del restaurante Luby’s, en Texas, se asombraban al ver la dedicación de Melina.

A pesar de la edad avanzada de este señor, nadie podía justificar su amargura. De allí que preferían mantenerse apartados, aunque no sabían si admirar o compadecer a Melina por su buena intención.


Al ver al señor Swords en la fila de espera, todos huían para no atenderlo.

Era justamente allí cuando Melina aparecía tomando su pedido.



Ella procuraba que la orden del señor Walter saliera justo como la había solicitado.

Anotaba todos los requerimientos que él tenía, por más tediosos que parecieran, manteniendo una sonrisa en su rostro, aunque no recibiera nada a cambio por parte de su malhumorado cliente.


Así sucedió diariamente por tres meses seguidos.
Pasado ese tiempo, el señor Swords no había cambiado en lo absoluto su actitud hacia su dedicada camarera. Pese a ello, Melina seguía con su misma actitud; estaba decidida a ocuparse de él cada vez que acudiera al restaurante.



Repentinamente, Swords faltó a su cita diaria para desayunar. A Melina y al resto de sus compañeros les pareció un hecho muy extraño


Lamentablemente, al poco tiempo un periódico local los hizo caer en cuenta de la penosa realidad.

El señor Walter Swords había fallecido recientemente.

"Walter M. "Buck" Swords, 89, de Brownsville, Texas, anteriormente de LaFayette, Ill, y Cedar Rapids, Iowa, murió a las 2:34 p.m., el domingo 15 de julio de 2007, en Hospicio Rancho El Eden, Brownsville.
El Sr. Swords nació el 18 de julio de 1917, en Wyoming, III., hijo de Jarve y Harriet".


La noticia tomó a todos en el restaurante por sorpresa.

A pesar de no ser uno de los clientes más esperados del día, saber que ya no lo verían más ni tendrían que esconderse para no atenderlo conmovió a los trabajadores del lugar.


Lo que sucedió luego fue realmente asombroso e inesperado.

Resultó ser que este particular cliente era Walter "Buck" Swords, un veterano el cual formó parte de las tropas que lucharon en la segunda Guerra Mundial. Por lo cual, en vida acumuló una importante cantidad de dinero.


Melina jamás esperó recibir algún gesto amable por parte de Walter como retribución de su actitud.

En vida, jamás lo tuvo. ¿Por qué asumir que después de muerto pudiera hacerlo? Pero, para sorpresa de todos, así fue.


Poco tiempo antes de morir, ¡incluyó a Melina en su testamento! Entonces, tras su muerte, ella heredó todas las posesiones de Swords.


La herencia estaba compuesta por una importante suma de dinero y un automóvil.


Fue la mejor forma en la que este señor pensó que podía corresponder con su buen servicio.

¡Vaya que fue una grata sorpresa! Esta chica fue una de las pocas personas que no se dio por vencida ante todas sus exigencias y siempre estuvo dispuesta a brindarle lo mejor de sí misma.

Melina jamás pensó recibir semejante recompensa por su comportamiento.

La suma alcanzó la cifra de ¡50.000 dólares! Además de un auto en buen estado.

¡Todo esto por ser una chica amable y paciente con un cliente difícil!

Seguramente, muchos de sus compañeros lamentaron no haber tenido la misma iniciativa que Melina. 


La lección de esta historia es simple: Hacer el bien siempre trae cosas buenas a tu vida.

Lo más probable es que no en todas las ocasiones sea una jugosa herencia, pero jamás se sabe de qué otra insólita manera la vida te devuelva todo lo positivo que haces desinteresadamente por los demás.

¿Qué opinas?

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